Opinión Portada 

El comentario de hoy, martes 23 de diciembre 2025

Estamos ya en pleno período vacacional decembrino. Calles, parques, el Andador Macedonio Alcalá, museos, entre otros, dejan entrever el gran imán que tiene nuestra capital, como destino cultural, para los visitantes del país y el extranjero. Amén de la llamada gentrificación que ya padecemos, hay analistas y expertos que hablan de la turistificación. El fenómeno social que hace que todo gire en torno al turismo. Ya hasta cafés o restaurantes muestra su carta en inglés.

Y no hablemos de la discriminación al cliente o comensal oaxaqueño. Éste deja de propina unos cuantos pesos; el gringo deja dólares y el europeo euros. La necesidad hace desconocer lo propio y renegar del mismo, sobre todo en sitios en donde los precios para la cena de Navidad y Año Nuevo están fuera de nuestra realidad económica. Lo que indigna es que no hay organismo, dependencia o entidad que regule o, en su caso, sancione los abusos que se cometen a diario para acabar de tajo con nuestra única industria rentable: el turismo.

Sin embargo, los mismos se dan por todas partes. ¿Quién sanciona a taxistas que cobran más allá de las tarifas? ¿Y quién a los propietarios de restaurantes abusivos que, con el ardid de cocina de autor, se la dejan caer al turista incauto y despistado? Hay sitios en donde incluyen la propina, no la dejan al libre albedrío del comensal. Y muchos más en donde le dan gato por liebre.

Comida tradicional oaxaqueña en donde nada tiene ni de oaxaqueña ni tradicional. Sólo inventos de chefs. Recetas que nadie conoce, pero que trastocan nuestra cocina ancestral. No se trata de ofender la creatividad y enjundia de nuestros íconos de la nueva cocina oaxaqueña. No. Lo que ocurre es que hasta especias y yerbas han cambiado de nombre.

Si lo que se trata es de poner en alto nuestra gastronomía hay que decirles a las cosas por su nombre. Por ejemplo, de ¿dónde sacaron que la yerba santa se llama hoja santa? Eso implica que se está perdiendo nuestro propio lenguaje. Es decir, sólo se piensa en los extraños, así sea a riesgo de demoler nuestra misma historia tan llena de riqueza.

El sector turismo requiere algo más que cursos de capacitación tipo Disneylandia; algo más que sólo cuentas alegres de derrama económica o afluencia de visitantes que, para cualquier observador, ha ido a la baja respecto a administraciones del pasado. Necesita imaginación para acotar o sancionar los abusos; para promover la riqueza que tenemos y hacer consciencia sobre la responsabilidad de salvaguardar esa rica veta que nos dio la Providencia y la naturaleza.

Aprovecho este espacio para enviarle a directivos, reporteros, técnicos y colegas de Radio Oro y Radio Fórmula Oaxaca, así como a quienes nos escuchan una Feliz Navidad. (JPA)

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